Ir al contenido principal

La tarde del sismo en Guantánamo (Crónica) (Fotos)


Por Lilibeth Alfonso Martínez,  Periodista en Guantánamo, extremo más oriental de Cuba.
Para  Isla Mía de Tod@s
fotos. Tomadas de Venceremos

Nadie sabe qué hará durante un sismo hasta que ocurre. Será el instinto quien guíe al cuerpo, al menos en los primeros instantes; así podamos recitar de memoria las medidas orientadas por la Defensa Civil en casos de desastres.

Normalmente, cuando nos preparamos, nos asemos a nuestro propio cuerpo, acuclillados como en el vientre materno, con la cabeza entre las piernas y las manos tratando de resguardarnos del cielo –como orientan los entendidos- todo ha pasado.

Claro, sin experimentarlo, los hay que se precian de bien informados, privilegiados por el conocimiento de la necesidad de conservar la calma, alejarse en lo posible de las edificaciones y cables eléctricos, llevar agua, tener a mano el radio para escuchar los informes, no olvidar los medicamentos, alguna comida.

Pero la verdad, para quienes lo vivimos, es que en ese instante sólo podemos hacer lo posible, lo que dejen los nervios, el sentimiento de abandono obligado ante una situación que no podemos cambiar, de la cual es imposible alejarse.

Y es que todo tiembla. En las viviendas más costosas o en las más humildes, dentro de cuatro paredes de cartón o de cemento, bajo techo o en descampados, en sitios altos y bajos. No vale, en estos casos, asegurar puertas y ventanas, como ante un huracán; de nada sirve un refugio, ni moverse hacia sitios elevados…     

La oriental provincia de Guantánamo está ubicada en el extremo más oriental de la Isla de Cuba.

Después, viene el pánico en serio. En mi barrio, luego del sismo de 5.5 grados en la escala de Richter que sacudió violentamente la calma habitual del sábado, vi hombres llorando al descubierto, mujeres que asían a sus hijos, familias enteras que ante el desasosiego sólo pudieron tomarse de la mano.

Muchos salieron a la calle. Nosotros también, aunque admito que el movimiento me paralizó en el asiento, a mitad de un libro, y sólo reaccioné cinco minutos después. Como siempre a esas horas, mi abuela se afanaba en la cocina, así que el sismo la agarró con la sartén por el mango, humeante el aceite con los chicharrones. No lo soltó, y la verdad no lo esperaba. Mi abuela es la calma en persona. Una temeraria de 79 años.

Mis tíos y primos son otra historia. Hubo desde palidez hasta ataques de pánico y un desmayo. Todavía hay de los primeros cada vez que la casa vibra al paso de un camión pesado o algún golpe resuena en la pared de los vecinos.

Y hasta una que a la llegada inminente de las horas de sueño, se quedó la ropa y los zapatos en el cuerpo, preparó un espacio entre una lavadora, equipada según dijo con cuatro panes, un pomo de agua, una lata de puré de tomate y una manta para resguardarse del techo, y una máquina de coser; y vigiló a media luz el latir de los estantes, toda la noche.

En medio de aquello, todo es impresiones. La gente corriendo o detenida, los perros desorientados, el ruido ensordecedor de los cristales, la calma en el cielo a pesar de todo. Pero lo más impresionante fue la gente, con los brazos abiertos para ayudar, la mente en los seres queridos, la angustia si alguno dejó la casa o está lejos.

No vi una sola demostración de enemistad o furia. Nadie llamó a su enemigo a esas horas para saldar cuentas, nadie buscó a golpes a otro, nadie se aprovechó de la situación. Vi a mal llevados auxiliarse sin necesidad de explicaciones, gente a la que no conozco informándome al paso de cuanto sabía, como hice yo misma cuando me llegaron las primeras informaciones.

Yo pensé en mi abuela, hasta que salí del cuarto y la vi tranquila, con la seguridad de sus años, y en mi mamá, que bajó las escaleras desesperada y alineó el cuerpo bajo una viga. Pensé en el resto de la familia, en mi tía que se impresiona mucho y en mi prima mayor, que le da por la histeria.

Pensé en mis colegas en Santiago, que por mucho temblor que han pasado no se acostumbran, porque seguro allí las cosas fueron peores. También ellos pensaron en mí. Mi tío agarró el motor y vino hasta la casa, sin camisa, casco ni nada.

De Radio Reloj fue la primera llamada amiga, para darme los datos de la agencia sismológica de Los Estados Unidos. Luego, la colega continuó llamando, precisando a cada instante, hasta la nota oficial que escuché de privilegio en su voz, sin los bip característicos de esa emisora.

Las líneas telefónicas, hasta mucho después, estaban saturadas. Todo el mundo llamó a alguien, familiar, vecino, novia… Se interrogaban mutuamente, intercambiaban algún chiste, una actitud del desespero que en la calma da risa, y pasaban al próximo número.

Muchos se encomendaron a Dios, incluso los no creyentes, pero todos confiaron en los suyos, en que no los dejarían atrás. Minutos después del espasmo terrestre, todos estaban en las afueras de las casas, incluso los que nunca salen. Convalecientes se levantaron de sus camas o fueron llevados en brazos de uno, dos o tres, los que hicieron falta.

Cuando salí de casa, en busca de imágenes para la labor reporteril, vi también trabajo. Dirigentes en plena carretera, analizando daños y necesidades, puestos médicos con especialistas que no lo parecían, pues poco antes del sismo, sólo eran amas de casa dobladas ante las lavadoras, hombres en ropa de trajinar arreglando cualquier cosa, televidentes de la programación sabatina.

Vi a una madre preocupada por su hijo accidentado y luego a él mismo, al lado de su papá, recostado en su cama de hospital, con un yeso para estabilizar la clavícula, sin dolor y consciente.

Vi a colegas colgar los problemas y el susto en un gancho en la puerta de salida de sus casas e irse a preocupar por otros, fotografiar, filmar, grabar, entrevistar, editar, escribir.

En Caimanera, vi familias unidas bajo la sombra de sábanas desplegadas, niños jugando solos o en grupos, y a jóvenes poniendo su energía para ayudar a otros, sonrisas a pesar de todo.

Vi a gente haciendo lo que tenía que hacer sin mandato de nadie y, sin querer ser soberbia con la naturaleza, agradecí que existieran.
Otros reportes del sismo.
Reportan daños materiales y humanos por sismo en Guantánamo
Vigilan atentamente actividad sísmica en Granma

Comentarios

◊ dissident ◊ ha dicho que…
¡Qué caos!
Aquí hubo una inmensa riada en el 82 y recuerdo que aunque hubieron muy pocas víctimas mortales, cientos de familias lo perdieron todo y tuvieron que empezar de nuevo. Los desastres naturales son imprevisibles y aterradores.
Unknown ha dicho que…
Sauldos Dissortat al menos aquí ahora no hubo víctimas y las familias afectados fueron muy pocos. en realidad los efecto fueron del tipo sicológico. gracias por mjs, saludos de Yunior

Entradas populares de este blog

Pablo Milanés cantará en Bayamo, Cuba

Tomado La Demajagua Digital  El destacado cantautor cubano Pablo Milanés cantará en Bayamo como parte de una gira nacional que realizará desde el 5 hasta el 17 de noviembre próximo, en una primera etapa. La misma comenzará por la oriental provincia de Guantánamo y culminará en Camagüey; la segunda fase se llevará a cabo en enero de 2011. Con este periplo, el autor de Yolanda vuelve a recorrer la geografía nacional después de 29 años.

Vuelve a Cuba el festival de cine francés

La edición XIV del Festival de Cine Francés en Cuba, exhibirá 23 títulos recientes de esa filmografía en las principales salas de la Isla, del dos al 30 de junio próximos. Con sede principal en el cine Charles Chaplin, de esta ciudad, la muestra, será inaugurada con la presentación del documental Océanos por parte de su director Jacques Perrin y el guionista Francois Sarrano. Uno de los principales atractivos del evento será la participación de la cubana Yahima Torres, que presentará la cinta La venus negra, con la cual obtuvo el premio Lumiere a mejor actriz revelación. André De Ubeda, director de la Alianza Francesa, dijo hoy en conferencia de prensa que esa cita del séptimo arte galo es una de las más importantes realizadas fuera de Francia, debido a la participación masiva del público cubano, que ha alcanzado los 100 mil espectadores. De acuerdo con Tony Mazón, programador de...

80 años de una desolada carta para un Rey milenario

Por Yunior García Ginarte yunior@rbayamo.icrt.cu En 1929 fue escrita la Carta de amor al Rey Tut-Ank-Amen; entonces su autora era apenas una muchacha que tras un viaje por Egipto quedó hechizada por el milenario Faraón. A ochenta años de escrita, propongo fragmentos de esa misiva a ti amigo o amiga que estas de paso por este blog; es solo para lleves estas líneas en tu memoria de viajero virtual. Al decir del crítico español Antonio Oliver Belmás " la más desolada carta de amor que pueda escribir una mujer sobre la tierra”'. (1) La propia poeta y narradora cubana diría: "… es casi un delicado juego poético, un encaje con los más sutiles hilos de la fantasía. Obedeció a una circunstancia especial, al súbito encuentro de una muchacha sensible, imaginativa, con una edad cuatro veces milenaria y con la exquisita criatura de esa edad...'' (2) Dulce María Loynaz sintió de cerca la poesía de la generación del 27, de la cual fue contemporánea. Fue amiga de Juan Ramón...