Ir al contenido principal

DMAR

Sucedió en un cuarto de universitario. Era nueve de septiembre de 1996. Recuerdo la mirada que tambaleó mis entrañas, que duda aquella repleta de la certeza por el futuro de adolescentes ansiosos de experiencias.

Repaso la saya a cuadros, el corte de pelo cuadrado y el cutis de mujer de revista. No era una top model; pero sí exclusiva, llegó de la beca de Quintero, en el grupo de las muchachas de nuevo ingreso.

Transcurrió aquel instante como el flechazo de amor a primera vista, definido en los manuales del amor romántico.

Después de una cena universitaria llegó el momento de declararme. En la cocina decidimos fregar los platos y expuse tembloroso. El “sí” quedó para luego. Nunca lo hubo, ya no contaba; ambos estamos seguros. Aquel romance comenzó con las luces de nuestra alegría.

Vendrían los encuentros, los ayunos de amor –es verdad que existen-, las esperas angustiosas porque no llegaba la noche. Bajó el rendimiento académico, pero igual seguíamos nuestras caminatas nocturnas por cines, por las calles peligrosas del barrio de la loma quintero.

Éramos entonces recién conocidos. Adentrados en aquel mundo consumimos alcohol y amamos con la misma experiencia de la primera vez . Parecía eterno, pero algo comenzó a cambiar.

Una noche, de fiesta con alcohol de noventa, te molestaste, discutimos, y nos goleapeamos (Peleamos de amor). Aquel día me fui enojado.

Te fuiste un tiempo de la universidad y no regresabas hasta el próximo año.

Entonces llegaron cartas de amor –es verdad que existen- cartas y respuestas llenas también de amor. Vendrían tus visitas a mi mundo. Ahí fui malo, te dejé llorar, sufrir...

Ya no parecía eterno se quedaba en aquellos encuentros, se detuvo en aquellos besos que maduraron hasta que decidimos casarmos. Se acabarían nuestros sueños de eternidad vaticinan los más viejos.

Preparamos la boda con 600 pesos. 15 días antes anunciamos la ceremonia, al año nació Juan Pablo. Ahora desde 20 metros cuadrados nos sentimos dueños de la felicidad.

Nunca pensamos que fuera eterno; el amor no nos dejó tiempo para eso. Aquí estoy con el mismo nervio de que puedas escapar de mis entrañas y tu segura del tiempo hacia mí.


Otras historias
- Adriana y Gerardo: encuentro para una vida
- Adriana: "Yo soy la voz que a Gerardo le han estado silenciando"
- Olga y Adriana: Historias de amor en tiempo real

Poemas de Amor
- Pablo Neruda
- Dulce María Loynaz

Carta de amor
- Carta de amor al Rey Tutankamen

Más sobre el día de los Enamorados
- Serenatas por el Día de los Enamorados. Cantar a la ventana de la enamorado es una tradición que los bayameses mantienen como un viejo secreto de su villa. En Cuba, la primera manifestación de ese tipo de canto ocurrió en la villa de San Salvador de Bayamo en la noche del 27 de marzo de 1851.

- Día del Amor. Enamorarse siempre ha estado de moda, desde los tiempos de las cavernas hasta los actuales, de ahí que este 14 de febrero, Día de los Enamorados, hagamos votos para que prevalezca, por sobre todas las cosas, el amor.

La imagen inicial es una reproducción del òleo sobre tela Mujer de amarillo de José Antonio Rodríguez FUSTER. Se utiliza solo con fines periodísticos y fue tomada del sitio http://www.galeriacubarte.cult.cu/

Comentarios

◊ dissident ◊ ha dicho que…
Lo primero agradecerte el paseo por el Bosque de la Larga Espera y por tu invitación a ver esta Isla, a la que sin duda regresaré con gusto.

Respecto al amor... nunca creí demasiado en él, mmmmmmm, supongo que con los años me he hecho aun más escéptico. Para mí siempre fue un Niño Ciego (mitológicamente hablando) y también representado por un santo (san Valentín) que ni la iglesia reconoce.

Pero sí, enamorarse es muy bonito. Toda una experiencia. Enamorarse una y dos y tres y muchas veces... Ahora mismo ¡cuán mayor me siento!

¡Saludos!
Unknown ha dicho que…
Gracias por visitar la Isla
Anónimo ha dicho que…
qué amor tan grande, esa es una historia cierta, sobre todo para los que no creen en la durabilidad de este sentimiento.pueden amarse dos personas mientras vivan y no cansarse, lo que pasa es que muchos nunca llegan a conocerlo.yo sí.

Entradas populares de este blog

Un Neruda inédito

Pablo Gámez, RNW Pasa a veces que los años son los que se encargan de rescatar del olvido ciertos pasajes y detalles de la vida de personajes emblemáticos. Sucede ahora con el poeta Pablo Neruda y las cartas inéditas dirigidas a Matilde Urrutia, que de todos sus amores, se dice, fue el más turbulento, intenso, extendido y apasionado. Urrutia, nacida y muerta en Chile, conoció desde muy joven a Pablo Neruda, con quien se reencontró en Berlín a inicios de los años cuarenta. Neruda le dedicó, primero y de forma anónima, ‘Los versos del capitán’, y, con su nombre ya, la convirtió en personaje capital de los últimos libros que escribió. "Matilde Urrutia es la musa principal de Pablo Neruda. La relación amorosa de Neruda con Matilde se extiende a lo largo de cerca de 23 años, con distintas modulaciones. Estas cartas dan cuenta de esas variaciones del amor, por llamarlas de alguna manera. Al principio se encuentra el amor pasional, con celos, ansiedad, y poco a poco ese amor evo...

Grito de Dolores. Órale!!!! (Fotos)

A su manera Bayamo festejó el bicentenario del Grito de Dolores.En un abrazo hermano hacia al pueblo del país azteca, los habitantes de esta ciudad cantaron corridos y rancheras. Aquí les dejo con mi nota al respecto. Así son los cubanos solidarios y amigos. Acampaño la reseña con  algunas fotos de la celebración en México. Impresionante. 

María la cosedora

Por Yunior García Ginarte María, la cosedora, amaneció contenta. A penas inicio la jornada estaba feliz; lo pude notar desde que llegué al taller de reparación calzado y bolsos en Bayamo. Su rostro de ama de casa-trabajadora mostraba satisfacción. Hizo todos sus enceres domésticos del fin de semana: lavó, fregó, limpió la casa así comentó satisfecha en su puesto de labor. Atendía al primer cliente con largas secuencias de chismes laborales. Luego seguía cosiendo el mal trecho maletín; mientras en la sala de espera alguien avizora: - Se demora; tal parece que no le importa la cola. Recibe llamadas telefónicas, da charlas con la recepcionista, repara la máquina, vacila; se quita los espejuelos… y la cola impaciente. Seguí remendando el tercer bolso, el cuarto, el quinto no paraba, con su hartura de paciencia seguía dando al pedal con zapatos blancos nuevos y overroll reciclado. El cabello adornado con lentejuelas verdes, ¿estaba de fiesta? La percibí incómoda ante la advertencia de un ...