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Correo de un amigo: recuerdo de los 90

Hoy tengo la posibilidad de publicar estas “viñetas” de Rogelio Ramos, un amigo poeta que hace periodismo en Songo La Maya, Santiago de Cuba. Espero que a partir de estas líneas te adentres un poco en la manera de una generación de estudiantes universitarios que estuvimos en Santiago de Cuba, precisamente en la década del noventa, que tanto nos marcó becados y metidos en los duros momentos del periodo especial. Así vía correo electrónico llegaron a mí.

Es ya común y raro esto de desearle felicidades a la gente pero así somos los humanos, llenos de lugares comunes y optimistas a pesar de muchas cosas. Te mando dos viñetas, es una muestra de lo que preparo gracias a tu consejo. Saludos Rogelio.

AQUELLOS POEMAS PEDAGÓGICOS
Por Rogelio Ramos.
I
Ahora como estas viandas cosidas por las manos de mi mujer y no tengo un recuerdo perfecto de cómo llegaron los noventa.
Me quedan algunos rostros, trazos como al descuido, imágenes como de un clip, sin embargo si hay sabor a plátanos amargos. Un hombre en las afueras de la cocina.
Puedo incluso decir su nombre pero no sé a él si le gustaría.
El hombre llega hasta mi cuarto en la beca, el E 4 de Inglés y me dice. Hoy van a hacer sopa, y nos vamos juntos a roer los hueso de lo que fue una vaca triste y callada y mustia.
Estamos en las afueras de la cocina, apenas quedan unos cartílagos pegados a los húmeros de aquella vaca justa y lo vamos arrancando poco a poco con nuestros dientes. Duro Rógelo me dice el hombre y no podía verle el rostro de muerte porque el V ocho se iba a salir de la carretera dos años después, las causas no lo cercaban aún y el hambre era mellada a golpe de rumiante.

II
No le he visto hoy pero sé que siegue en su performance, porque nadie creía tanto, en los noventa, en su arte como él y puedo nombrar a Eduardo Sosa, a Eduard Encina, Oscar Leyva, y muchos otros que juntaban versos y colores y música, pero Félix Humberto vivía en su performace porque esa era su realidad, una acción plástica.

En ese tiempo era difícil tatuarse, solo los presos salían con sus faltas de ortografía en la piel, Félix se pintaba PAX en los pullovers con tinta de bolígrafo, en ese tiempo era casi imposible tener tres pullovers, Félix los pintaba todos y sus sandalias y su bolso y pintaba el hombro de su mujer y pintaba en los ojos de sus amigos.

Son las siete de la mañana, las guaguas vienen desde Santiago para el pedagógico, los de las becas miramos atentos a las muchachas o a los amigos. Rosa trae los senos apretados contra el pulóver rojo, Yamilé otra vez con esa blusa, Luís fong trae las fichas de Randy Jonson en un cubalse, Félix viene delante, se había bajado último a propósito.
El pulóver dice PAX en el pecho, pero ya no, se lo ha quitado, una decana mira las costillas, las venas bajo la piel blanquísima y Félix se quita los zapatos, camina algo más de prisa, qué pasa aquí ha dicho Carmen Corella y Félix se ha quitado ya los pantalones y sube en calzoncillos las escaleras hasta el largo pasillo desde la rectoría, al fondo la gente sabía lo de un loco que se había quitado la ropa. Es el tipo ese de plástica, dice Rosa y no veo sus pechos de física pragmática casada con tipo de mucha plata.

En el pasillo dos bloques con una cuerda atada a cada uno. Félix se las amarra a los tobillos, flacos huesos bajo la piel blanquísima y las venas y comienza a caminar despacio, con los noventas en cada pata me ha dicho un amigo casi ayer.

La gente lo sigue, se agolpan frente a la galería esperando al loco, al tipo sin ropa frente a la rectoría y con dos piedras amarradas a los pies que de pronto aparenta no poder más y cae al suelo, camina de rodillas, está rojo de tanta fuerza. A gatas camina Félix, el loco el de plástica, llega hasta donde la multitud final como desecho, comido por la fuerza y las piedras amarradas a sus tobillos púrpuras, acabados, ahí en su cruz y hay un silencio atronador y entonces pregunta: ¿Quién me quita esto?, repite. ¿Quién me quita esto? Ninguna voz se alza, la gente mira ya el loco está encerrado entre la gente, desnudo, descalzo sobre el polvo del suelo. Nadie puede, ha dicho Félix y acaba el performace de esa mañana para que comience su otra obra que es existir.
Hoy le he visto, viste sotana y tiene cuatro hijos pero sé que sigue su acción plástica porque esa es su vida.

La foto inicial fue tomada de: www.betasoftmx.com/Fondos/Arroba.jpg y es utilizada solo con fines periodísticos.

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